domingo, 12 de febrero de 2012

Imre Schlosser, la primera página dorada de Hungría

Nacido el 11 de octubre de 1889 en Budapest, la capital húngara, Schlosser fue uno de los más destacados futbolistas de su país en la época amateur, habiendo sido considerado por los historiadores como el mejor jugador de su época en el primer lustro de la segunda década del siglo pasado. Además, aún mantiene el récord de anotaciones en la liga de su país.

Schlosser comenzó su carrera en el Ferencváros cuando apenas tenía 16 años, y fue tal su impacto a nivel regional, que a los pocos meses fue convocado para integrar la selección de Hungría. Concretamente, su debut para el representativo se produjo el  7 de octubre de 1706 en un partido ante Bohemia, que terminaría igualado 4 a 4.

La irrupción de este futbolista no se produjo aisladamente, ya que su hermana se había casado por aquel entonces con el guardameta del Ferencváros, y de esta manera se vio algo así como apadrinado por Fritz Alajos, que era uno de los futbolistas más ascendentes del plantel. En su juventud, de hecho, había sido recomendado por un ex futbolista del equipo, Makaly Mihaly.

En los siguientes años, Schlosser se convirtió en uno de los más afamados deportistas de Hungría, al mismo tiempo que conquistaba casi cuanto torneo que le cruzara con su club. De hecho, llegó a disputar ocho ligas con el Ferencváros, de las cuales ganó seis, las de los años 1907, 1909, 1910, 1911, 1912, y 1913 (agregando la Copa de la Liga este año). Incluso, fue goleador en seis de esas campañas, con un promedio de casi dos goles por encuentro.

En 1912, además, había acudido a los Juegos Olímpicos de Estocolmo con Hungría, anotando cuatro goles que le permitirían a su país ganar los denominados “Juegos de Consolación”, entre las selecciones que habían sido eliminadas en primera ronda. Ese había sido el caso de los húngaros, que cayeron en su único encuentro eliminatorio ante Inglaterra, por 7 a 0.

Sin embargo, lo que parecía ser un idilio de por vida con este equipo, sucumbió cuando en 1915 cambió la dirigencia de la institución. El delantero se peleó duramente con los directivos, y decidió marcharse, pero la decisión no hubiera sido tan dolorosa de no haber sido porque se marchó al MTK Hungária, el principal rival del Ferencváros.

En este club, aunque anotó 141 goles en 125 encuentros, y fue idolatrado, no llegó a tener el éxito que seguía cosechando su antiguo equipo. Esto se debió además en buena parte a que debido al estallido de la Primera Guerra Mundial, el torneo local fue reemplazado por otros dos que no se consideraban válidos.

Los años mozos de Schlosser habían pasado, y aunque se resistía a retirarse, en 1922 le fue ofrecido el puesto de entrenador-jugador del IFK Norrköping de Suecia, y decidió aceptarlo. No tuvo buenos resultados en sus dos temporadas en el fútbol escandinavo, acumulando un sexto y un quinto puesto en la liga local, pero seguía siendo extremadamente conocido en Europa, y el Wisla Cracovia de Polonia le abrió las puertas en los mismos términos, terminando en el tercer puesto del campeonato.

Ya con 37 años, y a un paso de abandonar la práctica profesional, Schlosser se comunicó con los directivos del Ferencváros para regresar un año a retirarse en el club que amaba. Su temporada fue increíble. Ayudó al equipo a ganar la 13º liga húngara de su historia, y volvió a jugar para la selección de su país, más de 20 años después de haber debutado con la misma, algo que sigue siendo un récord hasta el día de hoy.

Después de eso, Schlosser decidió prolongar su carrera un año más, pasando a un club modesto como lo era el 33 FC Budapest. Al finalizar la campaña 1927/28 sí decidió, finalmente, colgar las botas. 

Schlosser dejó atrás en su carrera la marca de 417 goles en liga por clubes, lo que se considera la sexta marca histórica a nivel mundial. Para la selección de Hungría, anotó 59 goles en 68 encuentros, lo que constituye una de las mejores marcas en promedio del país, junto con Puskas y Kocsis, y ganando además más del 70% de los partidos disputados. También fue el goleador europeo –ahora conocido como Bota de Oro-, en los años 1911, 1912, 1913 y 1914.

Schlosser fallecería pocos meses antes de cumplir los 70 años, en 1959. Como si fuera una señal del destino, desde entonces la selección de su país no ha podido superar la primera ronda de una Copa del Mundo, cuando hasta entonces solía ser una de las candidatas previas a la competencia. 

Su hijo Solymosi Norbert también fue futbolista. No tuvo el mismo éxito que su padre, y falleció en 1980 luego de una carrera llena de altibajos. La sangre de los Schlosser pareció apagarse junto con la estrella de un fútbol húngaro cuyas cenizas aún sueñan con el fuego de antaño.


1 comentario:

  1. Hungría no pudo renovar su generación de buenos futbolístas.
    Saludos

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